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Significado de Ataraxia

¿Quién fue Epicuro?

Epicuro fue un archiconocido filósofo griego, nacido el 1 de noviembre del año 341 a.C., en Atenas o Samos y falleció, por un cálculo renal, en la ya mencionada Atenas entre el año 271 y 270 a.C.

El aspecto más conocido del ateniense es que fue fundador de la escuela que porta su nombre, el epicureísmo. Como antagonista del platonismo, estableció en su propia academia, conocida como “El Jardín”, los aspectos más destacados de esa doctrina, el hedonismo racional y el atomismo, de los cuales derivarán dos de los temas que llevará por bandera el texto que nos acontece y que explicaremos posteriormente, la aponía y la ataraxia.

¿Qué es el hedonismo y el atomismo?

— Hedonismo: Es una doctrina moral que valora la satisfacción como el fin superior y más importante de la vida, como algo fundamental. Su objetivo primordial es la búsqueda de un placer simple y sobre todo natural, alejándose del dolor y que sea asociable con el bien.

No se trata de afirmar que el placer es un bien, sino en considerar que el placer (felicidad) es el único bien posible, o el supremo. Las escuelas principales del hedonismo en la Grecia clásica son la escuela cirenaica y la que hoy nos compete, el epicureísmo.

El libertinaje del famoso Marqués de Sade o el utilitarismo de Jeremy Bentham son doctrinas extremas del hedonismo que no buscan lo mismo o lo buscan de forma repentina.


— Atomismo: El atomismo es una teoría filosófica que no aparece en tiempos de Epicuro pero que sí recoge él, el atomismo data del siglo V a.C. en la Antigua Grecia e incluso antes en la India, en el s.VI o VII a.C., que habla del universo como una constitución de combinaciones de pequeñas partículas indivisibles denominadas átomos (de significado: “que no se puede cortar”).

¿Qué es la Ataraxia?

Para Epicuro, el punto principal de la vida humana debía ser la búsqueda del placer, procurada a través de la prudencia y la evasión del dolor, siempre de una manera racional, tratando de esquivar los excesos, debido al sufrimiento posterior.

Ese bienestar buscado, ese placer era para el ateniense un sinónimo de felicidad. Alegando, además, que los placeres del espíritu son mayores que los del cuerpo y que ambos han de contar con una forma inteligente de ser satisfechos, pues llegando a ese bienestar corpóreo y espiritual es como llegamos a la también mencionada “ataraxia”.

Hablaremos del término ataraxia (del griego ἀταραξία, considerada la ausencia de turbación)​. Esta disposición de ánimo fue propuesta por tres de las corrientes filosóficas más importantes de la Grecia clásica, como fueron el epicureísmo, el estoicismo y el escepticismo.

Este término se refiere a la felicidad o placer que logra el ser terrenal mediante la disminución de la cantidad o intensidad de pasiones o deseos que buscan alterar el equilibrio mental y corporal del hombre, así como la fortaleza frente a la adversidad.

Alcanzar ese equilibrio y no dejar que exista la turbación será por tanto el camino hacia la ataraxia, esa tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con el alma, la razón y los sentimientos

¿Qué es la Aponía?

Una vida sin desenfrenos pero sin renuncias carnales, una búsqueda de un punto medio que no hiciera al humano de un ser desgraciado, siempre y cuando no supusieran un dolor posterior, pues esa felicidad, ese placer solo podría lograrse mediante la ausencia de ese dolor, lo que definió Epicuro como “aponía”.

La aponía, el menor de los dos términos que describiremos, en este caso, brevemente. La aponía, como ya hemos definido anteriormente significa “ausencia de dolor o sin dolor”.

El término, popularmente utilizado por los filósofos epicúreos tiene como objetivo la supresión de todo dolor físico, que, junto a la ataraxia, esa eliminación de las perturbaciones mentales, dotará al ser humano terrenal de la felicidad, o del placer, ambos, como ya hemos mencionado también, sinónimos.

Sentadas de una vez las bases de las definiciones más importante para el filósofo ateniense es momento de ahondar, previamente al desarrollo de la ataraxia y la aponía, en ese epicureísmo, en ese contexto en el que se forma y cómo se desarrolla.

¿Qué es el Epicureísmo?

El epicureísmo surge, como el propio filósofo, en el siglo IV a.C., y se extendería posteriormente en el tiempo, llegando a ligeras reminiscencias incluso en la filosofía de Marx o Nietzsche.

Si bien fue una doctrina expandida en todas sus vertientes, alcanzando la índole incluso científica, física para ser más exactos, con su estudio de la materia y el vacío, blandiéndose también, y sobre todo, en la política y la religión. Es, sin embargo, el punto ético el que mayor interés nos genera, el mundo de los placeres y apetitos.

El placer como punto de partida y final de una vida feliz, solo lograble a través de la moderación y el control. Además, remarcó que es de vital importancia la superación del miedo a la muerte, pues, parafraseando al ateniense “la muerte no nos concierte, pues mientras existimos, la muerte no está presente y cuando llega la muerte, nosotros ya no existimos”.

3 clases de apetitos o placeres

— Los naturales y necesarios, que son de índole principal y de fácil satisfacción, como es la alimentación o el sentido de seguridad.


— Los naturales pero no necesarios, como es en este caso la conversación amena y la gratificación sexual.


— Los no naturales ni necesarios, que podrían resumirse en una búsqueda de poder, que suponemos poco importante para el filósofo, como son la fama o el dinero.

Los placeres del cuerpo y los del alma, no distinguidos por oposición.

Como en el dualismo ontológico platónico, para Epicuro el alma, de igual forma que el cuerpo, es material y está compuesta por átomos.

Sin embargo, sí que estableció dos tipos de placeres, diferentes pero unidos:


— Los placeres del cuerpo: si bien considerados como los de mayor importancia, la propuesta sigue siendo un equilibrio voluntario, y además postula, por extraño que parezca, que no es posible conocer el placer si no se conoce el dolor.

— Los placeres del alma: reconocidos como placeres más duraderos e incluso de índole curandera, pues si por un lado los placeres del cuerpo tienen una vigencia presente, el alma puede almacenarlos de mejor manera, haciendo posible también la atenuación de los dolores del cuerpo.

El placer móvil y el placer estable

Existe aún una última división de los placeres realizada por los epicúreos, en dos categorías: el placer móvil y el placer estable, también conocidos como cinético y catastemático.


— Los placeres móviles: Involucrados por una acción o cambios, pueden ser tanto físicos como mentales, y se basan en la satisfacción de deseos para la eliminación del dolor.


— Los placeres estables: es el placer sentido mientras está en un estado sin dolor. De igual forma que los placeres móviles, este tipo de placeres pueden ser físicos o mentales.

Finalidad de la filosofía de Epicuro

Como ya ha propuesto en incansables momentos Epicuro, el objeto de los placeres ha de ser el rechazo al dolor, de la misma forma, pues entonces la razón es altamente importante, ya que debemos ser conscientes y cuidadosos para poder rechazar placeres que tendrán posteriormente un dolor mayor, de igual manera, debemos aceptar dolores que supongan después una recompensa mayor, es decir, una felicidad.

Es pues esa razón un aspecto decisivo en lo que respecta a la búsqueda de la total imperturbabilidad, la ataraxia.

La finalidad de la filosofía de Epicuro era de dotarla de una practicidad, más de un ámbito teórico básico, procurando, o intentando procurar el sosiego para lograr una vida sencilla y feliz, sin temores al destino, dioses o muerte.

Importante resaltar, antes de acabar y de pasar a los dos términos principales del texto, el nombre de algunos filósofos epicúreos, de alta estima para el trabajo del ateniense, como son Cavalcante dei Cavalcante, Cayo Amafinio, Hermarco de Mitilene o Timócrates de Lámpsaco.

También es importante reconocer que a la escuela epicúrea tenían acceso las personas marginales dentro de la sociedad de la antigua Grecia, como esclavos, mujeres o prostitutas.

Incluso, el propio Aristóteles diría que las mujeres están claramente por debajo del hombre y sometidas al mismo, no obstante, se encontraban por encima de los esclavos.

Esa fue una constante en las escuelas de la época, solo que en la escuela de Epicuro se les permitía el acceso y la exposición del pensamiento (no en todas), igual que la entrada, según el momento era o no permitida su entrada.

Además, que la mayoría de las mujeres que podían acceder eran cortesanas o prostitutas, las epicúreas eran compañeras sexuales de los epicúreos y filósofas entregadas al Jardín.

Siendo por un lado admiradas y por otro repudiadas por su condición social, algunas de ellas citadas incluso por autores como Cicerón o Plutarco en sus obras.

Para los epicúreos existen dos clases de deseos, los naturales y necesarios, como la supervivencia o los no naturales y no necesarios como los que provienen de la cultura o la vida social, como ya hemos hablado anteriormente.

Es esa satisfacción de los deseos lo que produce el placer, que es lo que conduce inmediatamente a la felicidad, por eso hablamos de ambas como sinónimos.

No obstante, se dan las ocasiones de la existencia de placeres que luego conducen a dolores mayores que el propio placer inicial, son esos placeres, los que producen intranquilidad, los que deben ser evitados por la propia razón, cuestión fundamental, ya que alejan de la ataraxia.

Considerada la propia filosofía una vía hacia la felicidad, ya que se refiere a esa “tranquilidad espiritual propia del sabio que distingue los deseos naturales de los que no lo son y es capaz de alejarse de aquello que es vano”.

Estoicistas y epicúreos

Según el estoicismo (la última gran escuela de filosofía griega y que consiguió abarcar incluso hasta el siglo VI d.C. hasta que Justiniano clausuró la Escuela de Atenas) la vía para llegar a la felicidad es la ataraxia (hasta aquí coinciden en absoluto tanto estoicistas como epicúreos), incluso en la ataraxia como “la ausencia de trastornos del alma y la serenidad”.

Sin embargo, asumen una concepción materialista de la naturaleza, siguiendo a Heráclito como abanderado, con su creencia de que la sustancia original se halla en el fuego y en la veneración del logos (la más pura definición de razonamiento, argumentación o instrucción, normalmente entendida en nuestra realidad actual como “conocimiento”), asimismo identificado ese logos con la energía, la ley, la razón o la providencia, todo encontrable en la naturaleza.

Para el estoicismo, la ataraxia consiste básicamente en adecuar esos deseos propios a la racionalidad de la naturaleza, lo que comentábamos con anterioridad del logos, aprendiendo a diferenciar los hechos que dependen de una persona de aquellos incontrolables para uno mismo, y la importancia de alcanzar la libertad y la posible tranquilidad sin preocuparse de las comodidades materiales.

Guiarse por los principios de la razón y la virtud. Como remarcaron los epicúreos en primer lugar, eliminar los miedos a dioses o muerte es de vital importancia, como no quejarse por el devenir y lo que conlleva.

Para los escépticos, corriente de la filosofía helenística que sostenía que no era posible afirmar ni negar nada en absoluto, la ataraxia se ve como la consecuencia casual de la suspensión del juicio o epojé.

Significado de ataraxia en la actualidad

En la cultura occidental actual es un hecho que los términos “inteligentes” se van viendo abocados al desastre y a una verborrea general sin sentido, como ocurre en ejemplos que pueden ir desde la música hasta los simples artículos periodísticos.

Pues, en algunos textos se percibe la imperturbabilidad de la ataraxia como la ausencia del sentir, algo totalmente equivocado, pues es esa imperturbabilidad y esa ausencia de deseos que conducen hacia el dolor lo que tanto epicúreos como el resto de corrientes griegas clásicas, e incluso actuales, definen como placer o felicidad.

Viendo incluso textos que “te aconsejan” huir de la ataraxia o que te definen el hecho como algo tóxico o raro.